TIRRASES

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Nuestra primera visita fue una tarde Navideña con guitarra, tamales y un rompope que no encontramos y se convirtió en té frío. Ese mismo día nos conquistaron estos señores con historias de amor y de desamor, con ganas de bailar y unos ojos agradecidos. Ese día Chisco nos trató de conquistar a todas y una voluntaria se fue enamorada. Ese día empezó otra de nuestras tantas historias de amor. Esta vez eran 65 señores de la tercera edad.

Las visitas en la Asociación Albergue de Rehabilitación al Alcohólico Adulto Mayor Indigente consisten en tardes de domingo con cafecito y sanguches. Es justamente como ir a hacer una visita donde el abuelito a escuchar de cómo conquistaron a sus mujeres cuando eran jóvenes y tenía pelo, cómo terminaron en el Centro o qué hacen sus nietos que los llegan a visitar cuando pueden.

Aquí vive Chisco, el hombre más “ligador” que hemos conocido. También vive don Fer que pinta y vende cuadros de paisajes o retratos de familia del Centro. Nos trató de vender un retrato de su compañero de cuarto por ¢3,000 con el señor incluido y empacado con lazo. A Mafe le enseñaron a bailar marcado y en una ocasión nos robamos el micrófono para hacer un dúo de “No me ames” de Marc Anthony y Jennifer López. 

En nuestras cortas visitas mensuales hemos presenciado la importancia y el valor del perdón, de las familias a los señores o viceversa. Del impacto que puede tener una empanadita de pollo con un café en una persona un domingo soleado a las 4 de la tarde. Una vez más, de la importancia de compartir tiempo e historias con los demás. De escuchar y tratar de aceptar el pasado de otros pero entender el valor del presente y adorarlos por eso.

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