más que una galleta

El domingo pasado al regresar a casa después de un día lleno de amistad y buenas noticias, pasé al supermercado a comprar un refresco, al bajarme del carro escuché: - ¡Amigo! ¿Me puedes regalar una galleta?, a lo cual contesté ¡Claro!, ingreso al supermercado y pienso en mis experiencias pasadas con indigentes.

Hace años en mi corazón siempre ha estado la idea de ayudar, sin embargo, siempre pensamos que la mejor época para hacerlo es el mes de diciembre, en esas fechas todo parece feliz y todos queremos y podemos ayudar, pero no solo en ese mes hay necesidad.

Hace unos días la vida me llevó a un centro dormitorio para indigentes en la ciudad de San José. El primer día fue extraño, fue como mezclar el miedo con amor, fue ver más cerca un gran detalle; un detalle que también noté en aquel joven que me pidió la galleta el domingo. Más adelante les cuento cual es el detalle.

Al salir del supermercado no llevé una galleta, llevé algo más, un sándwich, un refresco y un snack. Al acercarme al joven, sus ojos brillaron y detrás de su cara un poco sucia apareció una sonrisa y un muy sincero - ¡Gracias! Después de entregada la comida volví al carro, pero al subir sentí que algo faltaba, faltaba algo que aprendí en el centro dormitorio, faltaba una conversación, visitar su espacio, acercarme más, entonces salí del carro y volví, me acerqué y dije - ¡Hola!, Mi nombre es… ¿Cómo estás? E inició nuestra conversación, les cuento la pequeña historia.

-¡Hola! mi Nombre es Carlos, pues hace un mes y medio estoy durmiendo en la calle, sin embargo, hace dos meses y medio estoy en el país, soy salvadoreño, llegué al país de manera ilegal a buscar un mejor futuro y poder ayudar a mi familia en El Salvador pero no está funcionando así. Entré por la zona de Guanacaste y trabajé en construcción (Hacienda Pinilla) durante un mes, pero el proyecto terminó y el trabajo también. Me recomendaron venirme a San José porque en la capital hay más oportunidades, empecé a buscar y ha sido difícil. Usted me entiende, no tengo papeles, me vine de manera ilegal, tampoco puedo volver porque no tengo documentos y ahora no tengo dinero. Con el dinero ganado en Guanacaste me compré unas tenis y logré llegar a San José, el ultimo mes he dormido en la sabana o alrededores y una señora me regalo una cobija, todo el día lo que hago es caminar sin rumbo, ¡estoy perdido!-

¡Estoy perdido!, qué duro y difícil es estar perdido, sin rumbo, todos pasamos por un momento así, todos nos hemos perdido.

Fue interesante notar que mientras nuestra conversación avanzaba, éramos más iguales, más humanos, y noté que los dos tenemos sueños, con la diferencia de algunos cumplidos y otros no. También noté que los trabajadores del supermercado salían cada 10 minutos, con expresión de asombro, miedo y curiosidad.

Sentí que Carlos estaba más cómodo, y comía con mucha tranquilidad. Carlos es joven, tiene mil sueños y metas, él busca un mejor futuro, pero el camino ha sido difícil. Carlos quiere levantarse y conseguir trabajo. Carlos quiere ser un excelente ser humano, pero para mí Carlos ya lo era, Carlos es un soñador, solo necesitaba una guía, una luz. Le comenté sobre el centro dormitorio, le di la dirección y le expliqué que ahí podía ir a dormir, eso le quitaría el frío y el hambre, tendría una oportunidad de pensar que hacer (con hambre y frío no se piensa bien). También gracias al centro yo sabía que muchos de ellos duermen y cenan en el centro y en el día cuidan carros, llevan bolsas o ayudan en algún mercado, etc., como buen tico “la pulsean”.

Al final de nuestra conversación y algunas risas Carlos me dijo: -Usted es un Ángel, ¡Ay gente!, yo no soy un ángel yo soy igual que usted, solo que aprendí un detalle importante. Detrás de cada persona que vive en la calle hay una historia, hay un sueño, hay luz. Yo nunca pensé tener este acercamiento y ahora es lo que deseo que todos experimenten, todo el mundo debería experimentar dar una mano a la calle.

 

"El voluntario" [anónimo}