El es mario

Él es Mario y el domingo pasado nos dio una lección muy importante. Nos contó una historia de un estereotipo que muchas personas piensan y sienten pero fue muy distinto escucharlo de parte un indigente y cómo se siente él al respecto.

Mario trabaja para pagar la pensión de su hija. Él es uno de los tantos vendedores de chupas, chicles o confites. De esos que vemos todos los días pero no tenemos ni la menor idea de quienes son. Ahora, Mario dice que él es el único que vende chupas de sandía sin semillas. Él cuidadosamente le quita todas las semillas a las chupa chups para que el cliente esté satisfecho con su producto. Entre risas con los voluntarios que le poníamos atención, nos contó también que él tiene una oferte distinta de los demás vendedores de las calles. Mario hace batidos con su producto. Y dice que son los mejores de San José Centro. 

Luego de sus bromas y su espacio de “anuncio publicitario” bastante creativo nos dio las gracias por lo que hacemos, por acercarnos y conversar con ellos. Mario dice, al igual que muchas personas que están en situación de calle, que a él le duele que las demás personas los vean a ellos como si fueran malas personas. 

Nos contó que un día iba saliendo por debajo del puente del Parque España y vio a una muchacha caminando que venía hablando por celular. “Una muchacha común y corriente, como usted más o menos” y señaló a una voluntaria. La muchacha cuando vio que él venía caminando en dirección contraria a ella, se puso muy nerviosa y se acercó su cartera hacia el pecho mientras lo veía a él con ojos de desconfianza. Atrás de Mario, venían caminando dos muchachos que se apresuran al caminar, le pasaron y cuando llegaron donde estaba la muchacha le robaron su celular. Esto pasó en cuestiones de segundo claro. La muchacha quedó preocupada, sin su celular y con un sentido de vergüenza viendo a Mario. Probablemente de culpa me atrevería a decir. Él se acercó donde la muchacha y le dijo que no sentía algún sentimiento positivo o de venganza en relación a lo que había pasado pero que él, jamás le hubiera hecho ningún daño, como sus ojos parecían que ella esperaba hacerlo.

Mario nos repitió muchas veces que algunas personas ven a los indigentes como si fueran malas y nos dijo “nosotros no somos maleante”. Esa frase se nos quedó pegada a muchos. Siguió hablando refiriéndose a que algunos son adictos, algunos están en problemas, muchas la pulsean y otros ni se dan cuenta de lo que pasa alrededor por su situación pero que maleantes no son. 

Una vez más, este fue un encuentro con un indigente que nos reafirma que las diferencias entre los que dormimos en casa, asalariados, con los papás, que tenemos ropa en el clóset y opciones en la despensa, con los indigentes, los que la pulsean, los que son adictos a alguna droga, los que sufren y también aman, son mínimas. Muchos hemos tomado malas decisiones, otros no hemos encontrado soluciones pero al final del día, todos queremos dormir tranquilos con un corazón en paz.