Ella es doña Elizabeth

La conocimos en nuestra 7ma Ronda el 16 de julio en el Parque España. “Yo inauguro la actividad de hoy” le dijo a los voluntarios cuando nos tomamos la foto grupal. Nos sentamos a escucharla más que a conversar con ella. Nos contó que ella trabaja vendiendo confites, chicles o cigarros. Lo que sea que pueda vender en las calles de San José para poder pagar su cuarto en el Hotel de París. Algunas amigas en el Mercado le regalan cosas para vender y cree que Dios le da la comida que necesita. “Hoy por ejemplo, Dios los puso a ustedes en el camino que me están regalando un sanguchito, galletas y jugo desayunar” comentó mientras sonreía. Doña Elizabeth paga 5 mil colones para pagar su noche en el Hotel, 3 mil colones la inyección de morfina que necesita por los dolores que le produce el cáncer que tiene y ¢375 que le cuesta la bolsita de comida para su gato, “Osito”, un gato negro, cariñoso y muy fino que solo come Whiskas, come 3 bolsas al día. Es decir, esta indigente necesita de ¢9,175 todos los días.

Nos comentó que está en las calles desde que tiene 12 años y que se fue de su casa porque nunca le gustaron las reglas. Además nos repitió varias veces de sus hermanos buenos pero también de sus hermanos malos y cómo nunca le han gustado los hombres que la manden. A ella le gusta tomar sus propias decisiones acerca de su vida y cómo vivirla.

Doña Elizabeth andaba además con matas de romero y nos regaló a un grupo de nosotros, una ramita para que nos la pusiéramos en el pelo o detrás de la oreja y el olor nos ayudara a sentirnos más tranquilos. Nos la topamos varias veces en el camino y siempre nos enseñó esta misma sonrisa. Ella dice que ella solo quiere ser feliz sea donde sea y cómo sea pero que las circunstancias de la vida nunca le van a quitar su sonrisa de la cara.

Doña Eli es una de las 3,800 personas que viven en las calles de San José y un claro ejemplo de como nuestras similitudes son más trascendentales que las diferencias.